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Incompetencia estratégica: «es que yo no sé poner la lavadora»

· 3 min de lectura

«No sé qué programa poner», «tú lo haces mejor». Hacer mal una tarea para que acabe haciéndola otro tiene nombre. Cómo reconocerlo y cómo desactivarlo.

«No sé qué programa poner y no quiero estropearte la ropa.» «Es que tú lo haces mejor.» «Dime exactamente qué compro.» Cada frase por separado parece inocente. Juntas, y repetidas durante meses, dibujan algo que tiene nombre: incompetencia estratégica. Hacer mal una tarea, o decir que no se sabe hacer, para que acabe haciéndola otra persona.

Qué es la incompetencia estratégica

El término viene del inglés, donde se habla de weaponized incompetence o strategic incompetence, y se hizo popular en redes sociales hace unos años. Describe una dinámica, no un diagnóstico: alguien hace una tarea por debajo de lo que sabe hacer, o se declara incapaz, y el resultado es que la tarea vuelve a quien la hace bien.

No siempre es consciente ni malintencionada. Muchas veces es simple comodidad aprendida: si cada vez que lo hago mal alguien lo rehace, nunca tengo que aprender a hacerlo bien. Pero el efecto en casa es el mismo, sea consciente o no.

Ejemplos que suenan a cualquier casa

Y no es solo cosa de parejas: pasa con compañeros de piso, con hijos adolescentes y con hijos adultos que viven en casa.

Por qué funciona (y por qué quema tanto)

Funciona porque, a corto plazo, rehacer es más rápido que enseñar. Quien sabe hacer la tarea acaba haciéndola «para acabar antes», y cada vez que lo hace refuerza el patrón. Al cabo de un año, una persona hace la colada, la compra y el baño, y la otra «no sabe».

Y quema porque se suma a la carga mental: quien carga con la tarea también carga con supervisarla, explicarla y corregirla. Lo que deja tras de sí no es solo más trabajo, sino resentimiento, del difícil de nombrar.

Torpeza real o estratégica: cómo distinguirlas

Todo el mundo ha sido torpe con algo la primera vez. Algunas pistas de que no se trata de eso:

Cómo desactivarla sin hacer de profesor

  1. Se enseña una vez, no cada vez. Explicadlo bien una sola vez. A partir de ahí, las dudas se resuelven solas o se aprenden con el error.
  2. Aceptad el «suficientemente bien». Si no lo hace como tú, pero está hecho, no lo rehagas. Rehacer es devolverte la tarea.
  3. Entregad tareas enteras y con fecha. Si le toca, le toca: sin rescate. Quien lleva la compra la lleva entera, incluida la lista.
  4. Dejad que lleguen las consecuencias. Si no se compra el detergente, no hay detergente. Es incómodo una vez y educativo para siempre.
  5. Rotad. Lo que a uno le toca cada pocas semanas se acaba aprendiendo. Lo que nunca le toca, nunca.
  6. Hablad de la dinámica, no de la persona. «Siempre acabo rehaciendo la colada» funciona mejor que «eres un inútil».

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