Hay quien odia planchar y no le importa limpiar el baño. Hay quien prefiere fregar cien platos antes que tender una lavadora. Y casi nunca es la misma persona. Aun así, la mayoría de las casas reparten las tareas como si a todo el mundo le costaran lo mismo. Repartir según lo que odia cada uno es de las pocas ideas en las que todos ganan, siempre que se haga con una regla que impida el abuso.
Por qué tiene sentido repartir por preferencias
Una tarea no pesa lo mismo para todos. Planchar puede ser un rato tranquilo con un pódcast para uno y un suplicio para otro. Si la plancha va a quien no le importa, la casa hace el mismo trabajo con menos sufrimiento total. Nadie hace menos; simplemente cada uno hace lo que menos le cuesta.
El riesgo: que «lo odio» sea una forma de escaquearse
Aquí está la parte polémica. Si basta con decir «lo odio» para librarse de algo, el que más se queja acaba haciendo menos. Es la versión elegante de la incompetencia estratégica. Por eso repartir por preferencias necesita una regla de hierro:
Lo que odias decide qué te toca, nunca cuánto. Si te libras de la plancha, te quedas otra tarea del mismo peso. Tu parte del trabajo no cambia.
Con esa regla, decir «lo odio» no sale gratis: solo sirve para intercambiar tareas, no para quitártelas. Y otra más: no se puede odiar todo. Si alguien marca casi todas las tareas como odiadas, esas preferencias dejan de significar nada.
Cómo hacerlo a mano
- Cada uno puntúa todas las tareas por separado, sin ver lo que dicen los demás: me da igual, normal o la odio. Por separado, para que nadie vote por estrategia.
- Calculad cuánto le toca a cada uno en esfuerzo: a partes iguales o según lo que hayáis pactado.
- Repartid empezando por las tareas más odiadas. Que vayan a quien le dan igual.
- Ajustad hasta que cada uno tenga su parte. Si alguien se ha quedado corto, asume otra tarea, aunque no sea su favorita.
- Revisadlo juntos antes de aplicarlo. El reparto se propone, no se impone.
Con tres personas y diez tareas se puede hacer en una tarde. Con cinco personas y treinta tareas es un rompecabezas, y ahí conviene que lo calcule alguien que no se canse.
El reparto a gusto de Te toca
Te toca tiene una función que hace justo esto, llamada reparto a gusto:
- Desde la pestaña Reparto, cualquiera pulsa Repartir a gusto y se abre una ronda. Al resto le llega un aviso.
- Cada persona valora cada tarea: Me da igual, Normal, La odio o No puedo. Por quien no tiene móvil, como un niño pequeño, puede votar cualquiera.
- La app propone quién hace qué, con la misma carga que a cada uno le toca por su cuota. Si Pepe odia planchar y a Marta le da igual, la plancha va para Marta y Pepe se queda otra de su mismo peso.
- «La odio» tiene tope: como mucho cuenta en un tercio de las tareas de la ronda.
- Nadie ve tus votos, salvo «No puedo», que se enseña porque cambia lo que les toca a los demás.
- La propuesta la revisa la casa, en una pantalla que se llama «Así quedaría», y cualquiera puede aplicarla o descartarla.
Si te interesa cómo se decide que un reparto es justo, lo explicamos en yo parto, tú eliges: repartir sin envidia.