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«Odio planchar»: cómo repartir las tareas de casa según lo que odia cada uno

· 3 min de lectura

Si a uno le horroriza planchar y a otro le da igual, repartir a ciegas es desperdiciar. Cómo repartir por preferencias con una regla que impide el escaqueo.

Hay quien odia planchar y no le importa limpiar el baño. Hay quien prefiere fregar cien platos antes que tender una lavadora. Y casi nunca es la misma persona. Aun así, la mayoría de las casas reparten las tareas como si a todo el mundo le costaran lo mismo. Repartir según lo que odia cada uno es de las pocas ideas en las que todos ganan, siempre que se haga con una regla que impida el abuso.

Por qué tiene sentido repartir por preferencias

Una tarea no pesa lo mismo para todos. Planchar puede ser un rato tranquilo con un pódcast para uno y un suplicio para otro. Si la plancha va a quien no le importa, la casa hace el mismo trabajo con menos sufrimiento total. Nadie hace menos; simplemente cada uno hace lo que menos le cuesta.

El riesgo: que «lo odio» sea una forma de escaquearse

Aquí está la parte polémica. Si basta con decir «lo odio» para librarse de algo, el que más se queja acaba haciendo menos. Es la versión elegante de la incompetencia estratégica. Por eso repartir por preferencias necesita una regla de hierro:

Lo que odias decide qué te toca, nunca cuánto. Si te libras de la plancha, te quedas otra tarea del mismo peso. Tu parte del trabajo no cambia.

Con esa regla, decir «lo odio» no sale gratis: solo sirve para intercambiar tareas, no para quitártelas. Y otra más: no se puede odiar todo. Si alguien marca casi todas las tareas como odiadas, esas preferencias dejan de significar nada.

Cómo hacerlo a mano

  1. Cada uno puntúa todas las tareas por separado, sin ver lo que dicen los demás: me da igual, normal o la odio. Por separado, para que nadie vote por estrategia.
  2. Calculad cuánto le toca a cada uno en esfuerzo: a partes iguales o según lo que hayáis pactado.
  3. Repartid empezando por las tareas más odiadas. Que vayan a quien le dan igual.
  4. Ajustad hasta que cada uno tenga su parte. Si alguien se ha quedado corto, asume otra tarea, aunque no sea su favorita.
  5. Revisadlo juntos antes de aplicarlo. El reparto se propone, no se impone.

Con tres personas y diez tareas se puede hacer en una tarde. Con cinco personas y treinta tareas es un rompecabezas, y ahí conviene que lo calcule alguien que no se canse.

El reparto a gusto de Te toca

Te toca tiene una función que hace justo esto, llamada reparto a gusto:

Si te interesa cómo se decide que un reparto es justo, lo explicamos en yo parto, tú eliges: repartir sin envidia.