«Mitad y mitad» es la respuesta rápida a cómo repartir las tareas de casa, y tiene la ventaja de sonar indiscutible. Tiene también dos problemas: cuenta mal, porque no todas las tareas pesan lo mismo, y supone que todos podéis lo mismo, que casi nunca es verdad. Por eso tantas parejas, familias y pisos compartidos que «van a medias» siguen discutiendo por lo mismo.
El problema de contar tareas
Imagina a Pepe y Marta. Hacen una lista de diez tareas y se quedan cinco cada uno. Parece justo. Esta es la lista:
| Pepe | Sacar la basura, regar las plantas, poner el lavavajillas, hacer la cama, bajar el reciclaje. |
|---|---|
| Marta | Limpiar el baño, la cocina a fondo, planchar, la compra semanal, fregar los suelos. |
Cinco y cinco. Y nadie diría que es justo. Sacar la basura son dos minutos; limpiar el baño a fondo, cuarenta. Contar tareas no mide el esfuerzo, y un reparto que se mide mal acaba discutiéndose a ojo.
Lo que cada uno cree que hace
El segundo problema es la memoria. En un barómetro del CIS publicado en junio de 2017, el 41,7 % de los hombres se declaraba totalmente satisfecho con el reparto de las tareas de su casa, frente al 21,6 % de las mujeres. Dos personas que viven en la misma casa pueden tener impresiones muy distintas sobre lo mismo.
No hace falta que nadie mienta para que pase: cada uno recuerda mejor lo que hace él que lo que hacen los demás. Sin un registro compartido, el reparto se discute de memoria, y la memoria no es neutral.
Justo no siempre es a medias
El tercer problema es el más incómodo de decir: a veces el reparto justo no es al 50 %.
- Una persona trabaja a turnos de noche y la otra teletrabaja.
- En un piso compartido, alguien tiene la habitación grande y paga más; o pasa media semana fuera.
- En una familia, un hijo adolescente puede con más que uno de siete años.
- Alguien está pasando una mala temporada de salud.
Un reparto desigual no es un escaqueo si está acordado y a la vista. Lo que rompe una casa no es la desigualdad pactada, sino la que nadie ha pactado y todo el mundo nota.
Cómo medir si un reparto es justo
- Dad un peso a cada tarea. No hace falta cronometrar: basta con tres niveles, rápida, normal y pesada. Sacar la basura no es limpiar el horno.
- Acordad cuánto lleva cada persona. Si alguien puede más, que lleve más turnos, y que esté dicho en voz alta, no supuesto.
- Mirad un periodo largo. Un día no dice nada: una semana mala la tiene cualquiera. Un mes ya dibuja una tendencia.
- Contad también lo que no encaja. Cuántas veces alguien hizo lo que le tocaba a otro y cuántas cosas quedaron sin hacer. Ahí es donde se esconde el desequilibrio.
- Revisadlo sin buscar culpables. El objetivo es ajustar el reparto, no ganar una discusión.
Cómo lo mide Te toca
Te toca está construida sobre esa idea: lo justo se mide, no se opina.
- Peso por tarea. Cada tarea es rápida, normal o pesada. El peso no cambia a quién le toca, solo cómo se mide el esfuerzo.
- Cuota por persona. Cada persona puede llevar una cuota normal, doble o triple, y en las tareas por turnos los turnos se reparten en esa proporción. Así, quien puede más hace más, y queda a la vista de toda la casa.
- La pestaña Reparto. Mira los últimos treinta días y enseña por persona cuánto esfuerzo ha hecho (sumando pesos, no tareas), cuántas veces cubrió a alguien y cuántas tareas quedaron sin hacer.
- Aviso de tareas «de todos». Señala las tareas fijas que en la práctica acaba haciendo siempre la misma persona, por si conviene pasarlas a turnos.
La app no puntúa ni ordena a nadie: enseña la diferencia y decidís vosotros. Y si el reparto falla no por la cuenta sino porque siempre es la misma persona la que se acuerda de todo, eso tiene nombre: carga mental.